En julio de 2022 tenía el carnet de coche y ningún kilómetro real en moto. Fui a Motocard a comprar mi primer casco sin tener ni idea de qué talla necesitaba, ni de qué se supone que debía sentir al probármelo.
Salí de la tienda con un casco integral Motocard "130R" Izumi, blanco, talla L — 129,95€ antes de descuento, pagué 89,95€. El precio bajo fue, de hecho, parte de por qué elegí ese casco en concreto: era mi primera compra de este tipo, no sabía todavía si iba a seguir con la moto, y no quería arriesgar mucho dinero en algo que a lo mejor no volvía a usar.
El problema que no vi en la tienda
En la tienda no me asesoraron bien con la talla. Salí convencido de que la L era la mía, y solo con el uso real me di cuenta de que me quedaba enorme — bailaba, no ajustaba como debía. Nadie me explicó cómo comprobarlo de verdad antes de irme con él puesto, y yo tampoco sabía lo que había que comprobar.
Con ese casco hice mi primera ruta real, a El Puig. Incómodo todo el trayecto, pero en ese momento no sabía que un casco no tiene por qué sentirse así — pensé que simplemente era normal, que los cascos eran así de molestos.
Lo que aprendí (y que nadie me contó antes)
La talla de un casco no se adivina probándotelo dos minutos delante de un espejo de la tienda — se mide la cabeza de verdad, y se comprueba moviendo la cabeza a los lados y hacia arriba y abajo para ver si el casco se mueve contigo o se queda quieto. Si se queda quieto mientras tu cabeza se mueve dentro, es la talla equivocada, por mucho que "parezca" que ajusta al ponértelo y quitártelo.
También debes comprobar que manteniendo la cabeza fija tirando hacia arriba y hacia abajo de la mentonera el casco no se desplaza sobre la cabeza
Si la tienda no te ofrece medirte la cabeza, pídelo tú. Y si algo se siente raro una vez puesto, no lo racionalices pensando que "ya te acostumbrarás" — probablemente no es normal, y probablemente tienes razón en que algo no encaja.
Dónde está ahora
Ya no lo uso para rodar. Lo conservo en casa como casco de reserva por si alguna vez hace falta uno de emergencia — mejor eso, aunque sea incómodo, que quedarte sin casco si alguna vez lo necesitas de repente.
El casco que uso de verdad ahora, elegido con bastante más criterio que el primero, es otra historia — la cuento en la ficha del LS2 Advant X FF901.
Esto es mi experiencia personal, no asesoramiento profesional sobre seguridad vial ni sobre homologación de cascos. Si tienes dudas reales sobre si un casco te protege bien, consulta con la tienda o el fabricante, no solo con este artículo.